Episodio 3.1 – Las historias que nos contamos – Versión Psicoeducativa
Por Florencia Ana Bortolotto
Es muy común, que las personas, nos identifiquemos y nos apeguemos a ciertas creencias, reglas, a lo que nos enseñaron, a lo que sentimos en ciertos momentos , a nuestras evaluaciones tanto positivas como negativas de los hechos, a ciertos pensamientos,, a lo que creemos que es bueno o malo. Este proceso, involucra las historias que nos contamos acerca de nosotros mismos, que nos llevan a definirnos como personas y también a definir nuestro entorno y cómo lo vamos a percibir…
Los pensamientos, van a aparecer y luego se van a retirar…tienen su tiempo…así es como funcionan, pero se pueden convertir en problemáticos, cuando tomamos la decisión de aferrarnos a ellos, tomándolos como 100% verdaderos. Un ejemplo de ello, es cuando decimos “ hay que estar siempre bien”, “estoy deprimido”,, “soy inteligente”, “no soy suficiente” , “no soy digna de ser querida”, “está mal equivocarse”, entre otros.
Es allí, donde vemos que, el impacto de nuestros pensamientos es enorme, porque influyen en nuestro estado de ánimo y a su vez, limitan nuestros comportamientos. En ocasiones sucede que , en vez de ser críticos con nuestros pensamientos, nos terminamos amoldando a ellos y acto seguido, nuestras acciones, se terminan adaptando a esos conceptos, de una forma rígida, limitando nuestras experiencias de vida.
De este modo, nos volvemos menos creativos y libres en nuestra forma de vivir. Vemos entonces, como nuestro autoconcepto, termina siendo una especie de jaula que limita nuestras posibilidades de acción. Un ejemplo de ello, sería cuando nuestros comportamientos se orientan a defender o sostener una narrativa (cuando alguien se autodefine como “soy la víctima”, o “soy el sostén de los demás”).
Cuando nos apegamos a nuestras propias narraciones, éstas pueden condicionarnos a actuar en determinada dirección. Por ejemplo: si creo que está mal cometer errores, tal vez no me anote en ese deporte que me encanta , porque asumo que me va a costar o voy a fallar varias veces en el proceso de aprendizaje.
A su vez, es común que algunas personas generalicemos estas narrativas a diferentes contextos, repitiendo patrones de comportamientos (como ser: nuestra familia, en el trabajo, en nuestro grupo de amigos, etc.).
¿Qué podemos hacer para no aferrarnos a estas historias?
En primer lugar, tomar conciencia de cómo se abren nuevas posibilidades de acción en función de la situación que estamos atravesando…en diversas situaciones que nos toca vivir, nos podemos preguntar ¿puedo actuar de una manera funcional y valiosa sin apegarme a tantas reglas?
Cada contexto, nos da la posibilidad de actuar diferente y no ser una réplica de esta autoimagen que estoy intentando repetir.
A su vez, podemos estar atentos a no anclarnos en narrativas sociales, que nos dicen cómo debemos ser y cómo debemos vivir, por ejemplo: “sufrir es malo, “hay que eliminar cualquier malestar”, “hay que buscar el placer”. Si nos apegamos (o compramos) demasiado a estas reglas, es probable que nos comportemos rechazando el sufrimiento y desconectandonos de nosotros mismos. Así es como terminamos juzgandonos (no debería sentir esto o aquello).
En varias ocasiones, estas reglas para vivir, van en contra de nuestra condición de seres humanos. Vemos entonces, que nuestro comportamiento, en vez de estar guiado por nuestros valores y por lo que es importante para nosotros, se torna un comportamiento lógico, guiado por reglas sociales…prácticamente nos desconectamos de nosotros mismos y de nuestras vidas…
En resumen, siempre nos estamos contando historias. Creamos una narrativa, que no es más que una de muchas posibles.
¿Cómo podemos identificar las historias que nos contamos?
Prestar atención a nuestros pensamientos, es un primer paso. Podemos registrar cada día cuáles son esas historias que nos contamos , que resultan limitantes (las podemos escribir o simplemente, estar atentos a las mismas).
Episodio 3.2 – Las historias que nos contamos – Ejercicio
Por Magdalena Biota
Práctica para trabajar la creatividad a partir de las historias que nos contamos
Les proponemos explorar las historias que nos contamos y a partir de ellas desarrollar nuestra capacidad de crear.
Según el psiquiatra y psicólogo Carl Gustav Jung, “La creación de algo nuevo no es un logro del intelecto sino el instinto de juego que actúa a partir de una necesidad interior. La mente creativa juega con los objetos que ama”.
La experiencia de jugar nos invita a conmovernos y ser más conscientes de las historias que nos contamos, incluso cuando intentarlo nos haga sentir un poco incómodos por momentos.
Entonces… ¿Qué significa la palabra creatividad?
La creatividad forma parte de la vida. La vida es pura energía creativa. Hay una fuerza creativa que subyace a todo cuanto vive, incluidos nosotros mismos. Al abrirnos a nuestra propia creatividad, nos conectamos con la capacidad vital de transformarnos y recrearnos como respuesta a las necesidades y en diálogo permanente con el entorno. Al abrir este diálogo creativo se producen cambios sutiles y positivos.
¿Cómo podemos trabajar la creatividad para volvernos más conscientes de las historias que nos contamos?
Trabajemos a partir de dos propuestas.
Con la primera vamos a poder bucear en nuestros contenidos mentales. La propuesta consiste en cada día al despertar destinar unos minutos a escribir sin expectativas ni exigencias todo lo que se aparezca en la mente. No importa qué. No hay buenos o malos contenidos para este juego. Pueden ser pensamientos, emociones, canciones de la infancia, una lista de los objetos, recetas, chistes, materiales de trabajo, o lo que sea. Se trata de escribir sin pensar, dejando fluir la conciencia. Una vez que termines, leé lo que hayas escrito. ¿Cómo te hace sentir? ¿Te sorprende alguna idea? ¿Se esconden detrás de lo escrito creencias, patrones, reacciones automáticas, historias? Mirá más atentamente. ¿Surge algo nuevo cada día?
La segunda propuesta consiste en crear un momento especial a solas. Una vez a la semana, invitarse a una cita. Puede ser para meditar, salir a caminar, andar en bicicleta, ver el atardecer. Lo importante es estar plenamente consciente del momento, prepararlo como un ritual de conexión para disfrutar. Para sentir los beneficios de ampliar la capacidad de crear, sugerimos practicar estas consignas de manera frecuente, encontrando una rutina que se adapte a la propia realidad cotidiana. Pequeños cambios que podamos sostener en el tiempo hacen la diferencia. Después de practicar, ¿notás algún cambio en la manera de percibir tus necesidades y responder a las demandas del entorno?